Por Antenor José Escudero Gómez

“(Los ciudadanos) son apáticos porque carecen de poder, no carecen de poder porque son apáticos. No hay evidencia que sugiera que, empoderados, las personas se negarán a participar.” – Benjamin Barber[1]

Desinteresados, irracionales, amnésicos, apáticos, y varios adjetivos más suelen ser dirigidos al “ciudadano de a pie” no solo por diversos académicos, sino por los mismos ciudadanos, para calificar el por qué de determinada preferencia política o actitud que toma ante temas de coyuntura. Paradójicamente, esto ha ocurrido a la par de un “boom” de experiencias de participación ciudadana, una serie de innovaciones que ha ido apareciendo a lo largo de los últimos años, desde las primeras experiencias en Porto Alegre hasta el presente en sus diversas formas adoptadas en varios países, desde el nivel local hasta el nacional. Sean a través de presupuestos participativos, núcleos de intervención participativa, referendos, plebiscitos, revocatorias, iniciativas ciudadanas, y abarcando atribuciones que van desde el manejo del presupuesto hasta la propuesta de leyes[2].

[1] Barber, Benjamin (2003) Strong Democracy. Participatory Politics for the New Age. University of California Press, California. Traducción propia.

[2] Ramírez Nardíz, Alfredo (2010) Democracia participativa. La democracia participativa como profundización de la democracia. Tirant Lo Blanch, Valencia.

Ver trabajo completo en: Haciendo que la ciudadanía participe

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